Carl Theodor
Dreyer (1889-1964), uno de los grandes maestros del séptimo arte, con catorce
largometrajes en su filmografía, desarrolla su labor cinematográfica a la vez
que Eisenstein revoluciona la teoría del montaje en la URSS y Buster Keaton,
junto con Chaplin, comienzan a sentar las bases del cine cómico al otro lado
del Atlántico.
Este director
danés, difícilmente clasificable dentro de un género cinematográfico, convive
con el ritmo de las películas de Víctor
Sjöstrom y las luces expresionistas de fotógrafos como Karl Freund, para lograr
un estilo propio, algo que él definió como “el sello de la personalidad sobre
la obra”, una obra que a pesar de su escueta cantidad aún en el siglo XXI
continúa gozando de un perfecto estado de salud sin haberse deteriorado lo más
mínimo. Sirvan como ejemplo las siguientes citas del maestro danés:
-“Con un buen
reparto una película está ya salvada en un cincuenta por ciento”.
-“Denle a un
buen fotógrafo un aparato de 8 coronas y hará excelentes fotografías. Denle a
su vez una Leica o una Zeiss-Ikon a un mal fotógrafo y sus fotos serán malas”.
-¿Qué es para
usted el cine?
-“Mi única
gran pasión”

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